Carlos Torres Piña conoce Michoacán: el 69 por ciento de los michoacanos lo afirma, no por haber recorrido kilómetros, sino por haber aprendido el territorio. En Maravatío observó la elaboración artesanal de sillas de madera —desde la selección de la madera hasta el ensamblaje— y en Zitácuaro escuchó a una productora de zarzamora sobre los cuidados, exigencias y conocimientos que exige ese cultivo.
Conocimiento político, no geografía
Sus recorridos incluyeron más de 35 municipios y las ocho regiones del estado —incluidos Tlazazalca, Huiramba, Angamacutiro y Churintzio— construyendo una memoria concreta de personas, actividades, problemas y capacidades regionales. Conocer Michoacán, según este recorrido, significa entender que una decisión funciona en Maravatío pero no necesariamente en Jiquilpan; que lo que necesita una productora del Oriente no es idéntico a lo que enfrenta alguien de la Ciénega; y, sobre todo, saber que todavía hay cosas por preguntar.

